DESCRIPCIÓN FÍSICA
El Francolí es un pequeño río de la cuenca mediterránea con una extensión lineal aproximada de 83 kilómetros. Su corto recorrido y las montañas que lo nutren (montañas de Prades) nos dan una idea de su dependencia de las aguas de la lluvia. Sus principales afluentes son el Brugent y el Glorieta, que aparecen en Capafonts y Mont-ral, respectivamente, a pesar de que el origen de estos se encuentra en las proximidades de Els Motllats. Su cuenca hídrica es de 838 km2, con una gran cantidad de pequeños cursos intermitentes que le aportan un mayor caudal. Su nacimiento se ha establecido oficialmente en la Espluga de Francolí, concretamente en la denominada Font Major, que se encuentra situada en el casco urbano de esta población. Nuestro protagonista es un río peculiar, que no cumple el orden normalmente establecido, ya que su nacimiento oficial se encuentra, según las características descriptivas, en el curso medio. De esta manera la cuenca alta del río, que más adelante describiremos, hace referencia a la cabecera de sus afluentes. A lo largo de su pequeño recorrido, el Francolí atraviesa una gran variedad de paisajes más o menos humanizados.
La cuenca alta
La hidrogeología del Francolí nos presenta un río diferente de la norma. Mientras la mayoría de cursos localizan su nacimiento en la entrañas de alguna cadena montañosa, en altitudes elevadas, el Francolí nace en un lugar que por sus características podrían denominar de cuenca mediana, concretamente, en la Font Major de La Espluga de Francolí. A pesar de todo, ésta es solamente la ubicación oficial del nacimiento el río, ya que el verdadero nacimiento del Francolí se podría localizar dentro del término municipal de Vimbodí, donde el barranco de Torrents se junta con el río Milans. Así cuando nos referimos a la cuenca alta lo hacemos fijándonos sobre todo en los afluentes más caudalosos e importantes, el Brugent y el Glorieta, sin olvidarnos de la vertiente norte donde se encuentran las elevaciones bajo las cuales se sitúan el Monasterio de Poblet, Vimbodí, La Espluga de Francolí y Montblanc.
El Brugent: Las montañas de la cabecera del Brugent envuelven la tímida corriente de agua de la Font de la Llúdriga en el término municipal de Capafonts. Las paredes se elevan a veces desnudas y otras cubiertas por una espesa vegetación formada por pino carrasco, pino rojo, arces, encinas y robles, además del serbal y otras especies como el boj, que precisamente en este lugar se estiran hasta convertirse en largas figuras que dan cobijo a las nacidas aguas. El Brugent es el afluente más importante y de mayor caudal de los tributarios al Francolí que extiende su presencia durante 16 km de recorrido con un caudal medio de 0,52 m3/seg. La cuenca hídrica del Brugent es de 69 km2, ya que recoge las aguas procedentes de Los Motllats o las que proceden del término de Prades, donde se encuentra la máxima elevación de estas montañas, El Tossal de la Baltasana. Las vertientes de esta cima también colaboran para que el Brugent lleve más agua. Más al sur, cerca de Farena, el río sigue recogiendo las aguas de la gran cantidad de barrancos existentes en este frondoso lugar. Las fresas salpican los márgenes del camino, diminutos frutos coloreados de un rojo intenso que buscan ser comidas para favorecer la zoocoria (dispersión de semillas que se produce gracias a la fauna). Poco después del nacimiento, entre las sombras del boj, el río cargado de cal se enzarza en el largo trabajo de formación de piedra pómez o los travertinos. Precisamente aquí, en un rincón del camino llamado Les Tosques, encontramos un lugar de aguas turquesas donde el sonido del río comienza a hacerse presente. El rumor del agua ya no nos abandonará hasta que el Brugent haga su aportación de agua al curso principal del Francolí. En el municipio de Capafonts las aguas se distribuyen para poder apagar la sed de las tierras bajas. Barrancos y torrentes conducen las aguas hacia una vertiente u otra, a pesar de que, de todas maneras, acabarán tributando al viejo Francolí para ayudar a destronar las rocas y sumarlas al paisaje ribereño. El paisaje del entorno recuerda al de un gran cráter volcánico, ya que las paredes se yerguen alrededor de la población como las rocas de una muralla. El tiempo se para entre estas montañas, a pesar de que ya sabemos que el tiempo del hombre es una medida artificial. En el río podemos ver cómo la primavera y el verano pintan sus orillas de flores acampanadas de colores lilas y azules, mientras el culantrillo de pozo deja caer su cabellera verde entre las hojas endurecidas por la cal, se forma el travertino. En el cielo, el águila real o la calzada nos sorprenden con su silueta poderosa, pero es el azor el más próximo. Su vuelo entre los árboles es tan perfecto como su vista. Alas cortas y potencia extrema se combinan en esta especie, que necesita una gran maniobralidad para poder sortear todos los obstáculos que le salen al paso en sus persecuciones, siempre buscando una presa. El río se va despidiendo de Capafonts entre las fértiles tierras de cultivo y un viejo puente de piedra, ahora recuperado, que se levanta en un pequeño rincón del río en la altiplanicie que gracias a la deposición de materiales se ha creado aquí. El Brugent continúa su camino para encontrarse con el Francolí y entre las anaranjadas paredes calcáreas deambula creando lugares de belleza inigualable. La naturaleza siempre es bella y única, y gracias al capricho de la orografía y la gracia de las aguas se conformó el Tol de l’Olla, un conocido lugar del río que es y sigue siendo parada obligatoria para excursionistas, que cansados se zambullen en las cristalinas aguas para mitigar el esfuerzo que acumulan sus músculos. Aguas abajo el río se funde en un maremágnum de grandes rocas arrastradas por numerosas riadas acaecidas a lo largo de la historia. La última, la del 54, provocó un gran movimiento de masas rocosas que acabó con la vegetación de ribera. Hoy en día el paisaje se pinta con nuevos tallos de chopos, fresnos y sargas que crecen por todos los rincones de este curso de piedras ciclópeas. Las retamas se han apropiado del lugar y, además de salpicar el paisaje de amarillo, inundan el ambiente con el perfume de sus flores. Continúa el fragor de las aguas mientras los molinos, base económica de los pobladores de estas abruptas tierras, se muestran como espectadores envejecidos. Las dimensiones de los molinos nos dan idea de cómo eran estas fábricas papeleras o harineras. Los molinos de harina que se repartían, tanto por la cuenca del Brugent como por la del Glorieta o por el cauce principal del Francolí, funcionaban empujados por el agua y gracias a la muela. Los senderos zigzagueantes son los testimonios que durante varios siglos han visto cómo sus usuarios se han ido transformando de vendedores ambulantes a lomos de un gran macho, en las figuras multicolores de los excursionistas actuales. El Brugent contribuía a crear el camino necesario para poder comunicarse con las tierras y poblaciones de la misma cuenca y ayudar a transportar las mercancías que hacían posible la subsistencia en estas tierras de valles cerrados. El prodigioso trabajo del río, con aportaciones de limos y tierras fértiles, daba a los visitantes la oportunidad de repartirse las orillas del río para tener un huerto propio de subsistencia familiar. De igual manera, a los lados del corto recorrido del Brugent, 16 km, encontramos los numerosos molinos. Hasta 27 proporcionaban alimento en forma de harina o aprovechaban los trapos viejos para la fabricación de papel, en el Brugent.
El Glorieta: El Glorieta recorre unos 15 km antes de desembocar en el río Francolí, en el término municipal de El Morell. Su cuenca es de 31.6 km2 con un caudal alrededor de los 0,35 m3/s teóricos calculados. La escasez de su caudal no ha impedido un intenso aprovechamiento hidráulico, como ponen de manifiesto las acequias y molinos hidráulicos que encontramos a lo largo de su curso. El lecho del río a menudo se queda seco cuando penetra en la llanura del Camp de Tarragona. El río principal surge en Els Mollats y baja hacia el Bosquet y La Aixàviga. Al mismo tiempo, pequeñas barrancadas como las de la Font Fresca y el Riu Sec se unen en la depresión de La Aixàviga y alimentan el afloramiento cárstico de las Fonts del Glorieta. Esta es la aportación más constante del río. El principal afluente del Glorieta es el riachuelo de El Albiol, llamado valle de Micanyo o de Samuntà, que recoge parte de las aguas de la Serra de la Mussara y que tiene un recorrido de 5,1 km. Un segundo afluente es el barranco de Camps, que recoge aguas de las solanas de Alcover y se une al Glorieta en el término de Vilallonga, después de 3,5 km de recorrido. Los valles del Glorieta y del riachuelo de El Albiol son el área forestal arbórea más importante de la parte de las Montañas de Prades que mira hacia el Camp de Tarragona, siendo la parte alta de la sierra del Pou, que separa los dos valles mencionados, el sector mejor conservado. Tampoco podemos olvidar las Fonts del Glorieta, las pozas del Nido del Águila y todo el curso de río hasta llegar a la llanura. Las aguas del Glorieta nutren las acequias de la Comunitad de Regantes de las Aigües de Baix d’Alcover que, juntamente con las de la depresión de La Aixàviga y más de una quincena de fuentes, dan un caudal de 85 l/s. Los molinos papeleros del Glorieta, en funcionamiento en los siglos xvii y xix, representan un notable patrimonio hidráulico. Comenzando por la cabecera,hay 4 núcleos de esta industria: los Molins Nous de Mont-ral, el Molí de Terrers, los Molins de Piroi y el Molí Nou o de Güell. La fuerza hidráulica también fue usada por los molinos harineros, incluso en la 1a mitad del siglo xx.
La cuenca media
Dadas las características del río, la cuenca media se reparte de forma desigual, ya que de su nacimiento en la Espluga de Francolí hasta la confluencia entre el cauce principal y los afluentes Brugent y Glorieta, el río se comporta y se puede describir como curso medio y solamente las cabeceras de estos afluentes y sus tributarios personalizan la descripción del curso alto. De esta manera, el río nace en las faldas de las montañas de Prades. Un lugar donde el hombre se refugió gracias a la benevolencia del clima, la cantidad de agua y otros recursos presentes. La vertiente norte de las montañas de Prades ha sido conformada por una gran cantidad de materiales que han enriquecido todavía más este particular entorno. Las aguas férricas y magnésicas no solamente han servido para pintar las desnudas rocas, sino que a partir de los últimos años del siglo xix fueron la motivación de peregrinaciones en la búsqueda de curación de enfermedades. Hoy en día, el curso de agua está envuelto de grandes campos de viña donde se cultivan con cuidado y perseverancia diferentes variedades de uva a partir de la cual se producen excelentes vinos de esta comarca, cada vez más conocidos. En este punto se une al festín las aguas del Milans, que previamente ya han dado servicio a pueblos como Vallclara o Vimbodí. Como el sigilo que da un pequeño reguero se une al cauce del Francolí el río Anguera para sumar esfuerzos y llevar al gran mar los nutrientes de las tierras expoliadas. El Anguera dibuja una espectacular barrancada de paredes rojizas desde los restos de la ermita de S. Pere d’Anguera. De esta manera llegamos hasta Montblanc, desde donde las huertas se extendían a ambos lados del río, hoy muchas de ellas desaparecidas, engullidas por el asfalto y las vías del tren. Desde aquí podemos disfrutar de la palpable silueta del Nas del moro, que mira hacia arriba y se extiende hasta la sierra de Miramar y vigilado por la pequeña población de Prenafeta. Antes y después de Vilaverd, el río sigue sorteando con suaves meandros las paredes ya desgastadas y abatidas de las grandes murallas que lo rodean, para estrecharse de nuevo en su llegada a La Riba. El río luchó con fuerza aquí hace miles de años para alcanzar el mar y, una vez abatida la pared, su caminar fue fácil hasta el Mediterráneo. Pero para esto necesitó el impulso de su gran aliado, el Brugent, que en La Riba se une al cauce principal rodeado de casas encumbradas y amenazadoras papeleras que nada tienen que ver con los molinos papeleros de antaño. Afortunadamente la normativa ha variado, los vertidos al río no son tan abundantes y mortales como los de la década de los 90, donde del río era transformado en una cloaca pestilente. Aunque todavía podemos exigir el derecho del río a fluir y con aguas limpias. Cogiendo el curso de nuevo, Picamoixons marca la despedida de lo abrupto para llegar a las llanuras repartidas entre el Baix Camp y el Tarragonès. Ahora el paisaje ha cambiado y son muchos los riegos que sacan el agua del cauce principal para repartirlo por la gran cantidad de cultivos de la cuenca próxima. Los avellanos son los que marcan ahora el paisaje y ya no abandonarán la compañía del río hasta Tarragona, es decir, hasta su último aliento de vida entregada.
La cuenca baja
La cuenca baja ha perdido todo el carácter que el río le había conferido a lo largo de su vida, y desde su paso por la refinería hasta la desembocadura presenta una imagen que no tiene nada que ver con el paisaje originario. El río ha sido canalizado para intentar dominarlo, pero todavía así se resiste, y puede ser capaz de mostrarnos imágenes que nos transportan a otros momentos o lugares. Los últimos metros de río han sido desplazados y domesticados por los intereses que a cada momento se veían como imprescindibles para el desarrollo de la ciudad o su mejora, pero el resultado no ha sido nunca el más apropiado para el río, su función y los pobladores que dependen de él. La fisonomía del río en sus últimos kilómetros tiene el aspecto de un torrente de desagüe seco durante la mayor parte del año, imagen a la cual se han acostumbrado los tarraconenses, sin ser conscientes que el Francolí podría ofrecer sus aguas durante la mayor parte del año si no fuera por la gran cantidad de extracciones de agua legales e ilegales que se suceden a lo largo del curso y las modificaciones que éste ha sufrido. La desembocadura ha sido modificada en dos ocasiones de forma artificial. La primera modificación se hizo en el año 1885 con un desvío de las aguas hacia el sur después de los puentes de la vía del tren, formando un ángulo de 90° que más tarde fue la causa de varias inundaciones en la ciudad y el polígono industrial. La segunda ha sido la canalización del año 2001 para evitar las grandes avenidas de agua provocadas por las lluvias torrenciales características del clima mediterráneo. Como se ha dicho anteriormente, la última gran avenida hasta el día de hoy fue la ocurrida el 10 de octubre de 1994, momento en el cual el río llegó a la cantidad máxima de 1.500 m3 por segundo, caudal medio del Ebro en su entrada a Cataluña. De esta manera, también se perdió la zona húmeda de gran interés natural que se había configurado a lo largo de más de cien años con aportaciones de sedimentos que transformó este espacio en una verdadera aula de naturaleza. En el delta del Francolí se llegaron a citar más de 180 especies diferentes de animales, entre peces, mamíferos, reptiles, anfibios y aves. La presión vecinal obligó a que se llevara a cabo un proyecto que en ningún momento contempló la supuesta protección de espacios legal. Por otra parte, la política ejercida desde diferentes administraciones como el ayuntamiento de Tarragona, la Generalitat y el Ministerio de Medio Ambiente decidió actuar de la peor manera posible, dejando en manos de arquitectos e ingenieros un espacio que también tenía vida. La consecuencia no solamente fue la destrucción de la desembocadura sino que los últimos kilómetros fueron desnaturalizados y canalizados convirtiéndolos en un canal de agua rodeado de una zona ajardinada. Las citadas obras han supuesto la atracción de los ciudadanos hacia este nuevo espacio urbano, para disfrutar del lugar como equipa miento deportivo y de ocio, y a la vez le han conferido apoyo popular. En este caso, la ciudad y las personas han obtenido un lugar de ocio donde divertirse, pero la naturaleza ha perdido su espacio de vida, muchas especies han desaparecido e incluso muchas otras murieron en este proceso. Aquí deberíamos hacer una reflexión. ¿Por qué el egoísmo de la especie pensante lleva a cabo estos ataques continuos sobre las especies no pensantes? El río podría haber continuado vivo a su paso por Tarragona, si se hubiera optado por otro tipo de proyecto más de acuerdo con las leyes de la naturaleza, consiguiendo lo mismo o un mejor resultado. Las obras realizadas contemplaban dos puntos importantes, uno de ellos se realizó, que es la canalización y la construcción de los muros de protección a ambos lados de la orilla, pero el segundo no se ha realizado y puede ser fuente de muchos problemas. Se trata de la eliminación de las barreras que suponen los dos puentes de la vía del tren sobre el río. Estos puentes pueden provocar, como ya hicieron en anteriores ocasiones, la retención de los materiales sólidos que arrastra el río, y en consecuencia podrían llegar a romperse por la presión del agua ejercida sobre ellos o elevar el nivel de ésta por encima de los muros de contención construidos. De todas maneras, la naturaleza es agradecida, amable y sobre todo bella y aunque no le ha sido permitido que la vegetación de la ribera llegue al puerto podemos ver como entre carreteras y tuberías el verde se presenta aislando el río del entorno gris humano. Por los alrededores del azud situado en las proximidades del barrio de S. Salvador de Tarragona podemos contemplar como los vestigios de tiempos pasados se presentan en forma de campos de cultivo de cereales, avellaneros y otras fuentes de evocación. El camino marcado por el río se hace imborrable por mucho que nos obstinemos en hacerlo desaparecer bajo el hormigón o canalizarlo entre grandes rocas inertes. En los últimos kilómetros del río, la avifauna está con el paisaje y, mientras el carricero común canta bajo el penacho de un cañizo, las fochas, las pollas de agua, el martín pescador o la garcilla cangrejera deambulan alrededor como atraídas por la variedad de sonidos. Muy cerca, el Pont del Diable o de Ferreres se alza orgulloso porque en otros tiempos transportaba la siempre valiosa agua hacia la ciudad de Tarragona. En la desembocadura, una pequeña y débil franja de tierra y cañizo es todo lo que el hombre ha dejado para perpetuar las pocas especies que todavía utilizan el lugar. Aunque no podamos ver la figura del pechiazul, que durante algunos años se dejó ver en este lugar, siempre queda la esperanza de volver a ver su esquiva silueta marcando de nuevo el camino hacia la naturalización del río.


![]() |
La publicación muestra el proyecto mediante el cual se determinó el estado ecológico de tres espacios de la Costa Dorada, realizado por los voluntarios de Mediterrània-CIE durante el verano de 2008. És una guía divulgativa de formato fácil i reducido, pera llevar al camp i recrear las experiéncias vividas por los voluntarios.

![]() |
La guía muestra el proyecto realizado por los voluntarios de Mediterrània-CIE a lo largo del verano del 2007, donde se cartografiaron los diferentes árboles frutales de diferentes sendas del Parque Natural de la Serra de Montsant. És una guía de formato fácil y reducido, para llevar al campo y revivir las experiéncias vividas por los voluntarios.
